Reseña: Imposible decir adiós
- Alicia Maya Mares

- 21 nov 2025
- 3 Min. de lectura

Páginas: 252
Publicación: 2024
Editorial: Random House
“La nieve siempre me provocaba una sensación de irrealidad. ¿Sería por la morosidad con que caía? ¿Por su belleza? Cuando veía moverse los copos con la lentitud de la eternidad, de pronto se me hacía patente lo que era realmente importante y lo que no.”
Imposible decir adiós
La nieve es el protagonista silencioso de esta novela; tan potente en sus temas y de tal frágil belleza en sus imágenes que se vuelve realmente evocadora.
El evento detonador de la trama es el accidente de Inseon, quien se corta los dedos con una sierra eléctrica. Convaleciente, Inseon le pide a nuestra narradora, Gyeongha, que vaya a su pueblo natal a rescatar a su cotorra antes de que se le acabe la comida. Sin embargo, la isla de Jeju está envuelta en una tormenta de nieve, así que cumplir la petición de su amiga no será fácil para Gyeongha.
El corazón expuesto
Claro que, el verdadero tema -el verdadero corazón expuesto- de esta novela es la turbulenta historia de Corea del Sur. Sobre todo, la masacre de Jeju.
En Imposible decir adiós, todo el trauma y el dolor que provocó dicha masacre se arremolina como verdadera tormenta de nieve en torno a una sola persona: Inseon. Las pérdidas que sufrieron sus padres y abuelos llevan la voz cantante; exigen dejar de ser susurradas para decirse en voz alta.
Los recuerdos de estas personas marcadas por la tragedia se intercalan con la epopeya de Gyeongha, extranjera que llega a la isla de Jeju y debe orientarse en la oscuridad y la nevada, y las escenas que detallan su amistad con Inseon. Es por eso que Imposible decir adiós no parece tan larga, pues se alternan historias en distintas épocas, y realmente la aventura de Gyeongha para salvar a la cotorrita es muy breve.
Por otro lado, es evidente la investigación detrás de la escritura, el clavado en el acervo histórico de Corea del Sur y la valentía por alumbrar rincones de su historia que resultan oscuros y ensangrentados. Aquí hay fechas, sitios exactos, nombres que casi fueron olvidados, y la larga estela de dolor que carga una nación.
La estela del dolor
Es en la culpa del sobreviviente, el trauma que acalla las voces, los rostros cubiertos por copos de nieve, los fusilamientos y las fosas, así como en los secretos cargados por generaciones y la sangre borrada por las olas en la costa que esta novela halla una verdadera cadencia. Es al narrar estos momentos que la prosa reluce y sobrecoge al lector.
En ocasiones, claro, puede resultar un poco lenta. A mí me pareció que ya había descrito la nieve como quince veces. Sin embargo, cada nueva descripción encuentra sutiles maneras de ser hermoso, de remitir al pasado con habilidad, o de cerrar un ciclo.
Es una novela hermosa y terrible, pulsante como una herida todavía abierta.
“Antes de salir por la puerta, me giré para mirar la estufa. Los rojos ventanucos a los lados seguían refulgiendo candentes como un par de ojos. Inseon me esperaba fuera, envuelta en la penumbra crepuscular. Los copos caían flotando como plumas, tan despacio que se podían ver las formas de los cristales en la mortecina luminosidad.”








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